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Editorial: La Enfermería

Jueves 10, Septiembre 2020

Por Dra. María del Rocío Monge Quirós

Enfermera

Lic en Enfermería de Salud Mental

M.Sc. Estudios de la Mujer

Ph.D Educación con énfasis en Mediación Pedagógica

Secretaria Junta Administrativa ACIB-FUNIN

 

En la celebración del 200 aniversario del nacimiento de la enfermera inglesa Florence Nightingale (1820–1910), la Organización Mundial de la Salud (OMS) designó el 2020 como el " Año de la enfermera y la partera" En todo el mundo, muchas organizaciones, asociaciones profesionales, sistemas de atención de salud y otras entidades estaban preparadas para celebrar las contribuciones de los profesionales en enfermería,  en el avance de la salud y el bienestar de las personas en cada país.

 

No se esperaba que éste también fuera el año de una crisis de salud internacional. Hoy el mundo entero está batallando con el impacto de la pandemia del coronavirus (COVID-19) y los profesionales en enfermería han estado ahí,  en primera línea de atención,  desde el primer día. Están dando todo por combatir esta pandemia con el miedo de cualquier ser humano, el miedo a enfermar. Y son mucho más que personas con muchos conocimientos y habilidades: son  profesionales que han decidido dar su vida para cuidar y ayudar a otros a sanar.

 

El 10 de marzo del 2020, la OMS declaró el brote de coronavirus como una pandemia, enviando un mensaje claro: todos jugamos un papel fundamental en la prevención activa de una mayor propagación del virus y en la búsqueda de formas de proteger a las personas más vulnerables. Este tipo de llamada a la acción no es nuevo para la enfermería. A lo largo de la historia, la profesión ha desarrollado un papel importante en los tiempos de crisis y ha brindado atención, cuidados e innovación que han salvado vidas y reducido el sufrimiento. Esta situación no es diferente.

Las contribuciones de las enfermeras para mejorar la salud de la población en tiempos de crisis se remontan a los días de Nightingale, fundadora de la enfermería moderna. En 1918, durante la desastrosa pandemia de la influenza española que mató a 50 millones de personas en el mundo, las enfermeras se mantuvieron firmes al plasmar las enseñanzas de Nightingale, una auténtica defensora del buen lavado de manos como medida de prevención de infecciones.

 

En décadas posteriores, los profesionales en enfermería respondieron a la llamada una y otra vez, siendo protagonistas, durante algunos de los brotes de enfermedades infecciosas más recientes a nivel mundial, incluida la gripe porcina H1N1, que surgió en el 2009,  el ébola, que inició en marzo del 2014,  el síndrome respiratorio agudo severo (SARS) en el 2002 y el síndrome respiratorio del Medio Oriente, que fue identificado en el 2012 y que también es causado por un coronavirus. Al igual que en esas y otras crisis sanitarias anteriores, los profesionales en enfermería de todo el mundo han dado un paso adelante y se han colocado en primera línea para combatir la propagación de COVID-19.

 

Con ese escenario, las enfermeras y los enfermeros cumplen un rol central: son el recurso humano, insigne e imprescindible, que trabaja en la batalla para frenar la pandemia. Lo hacen con una enorme vocación de servicio que muchas veces funciona como escudo para disipar las sensaciones de incertidumbre y temor ante una enfermedad incierta, ante la soledad del aislamiento, ante los temores y preocupaciones que le producen estar lejos de casa, y lejos de sus seres queridos.

 

En esta pandemia, enfermería enfrenta los mismos problemas de las personas que atiende, pero desde su rol de cuidador, compartiendo el mismo aislamiento, el riesgo y la inseguridad frente al COVID-19, pero no sólo eso, sino que brindan el mejor cuidado con miedo… miedo a contagiarse y peor aún, miedo a contagiar a sus seres queridos. Sin embargo, el miedo solo queda en los pensamientos puesto que continúan con su labor y con el reto de proporcionar un cuidado integral con un objetivo claramente definido: Recuperar la salud de las personas.

 

De esta manera Enfermería continúa con la participación en los equipos interdisciplinarios, con el fin de lograr resultados colectivos en la atención de las personas en medio de esta emergencia sanitaria que le impone desafíos a cada profesional de salud.

 

Cuando todo haya pasado, será momento de recordar que la OMS declaró al 2020 como el Año de la Enfermería. Y tal vez en ese marco, los profesionales en enfermería puedan ser reconocidos por su profesión, tanto por las autoridades sanitarias para que los jerarquicen en los escalafones que corresponden, como por la sociedad en su conjunto.

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